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martes, 26 de abril de 2022

Lo abstracto de la mente en el cerebro (y la analogía de la respiración)

abril 26, 2022 0
 MENTE Y CEREBRO (Profundidad a la respiración)

Un momento clásico en la historia del problema mente-cerebro o mente-cuerpo es la formulación de Descartes. El planteamiento de Descartes se basa en dos premisas: (1) el dualismo y (2) el interaccionismo.


(1)   Dualismo: Descartes sostiene que el ser humano está compuesto por dos sustancias diferentes: una sustancia o realidad material, el cuerpo (incluyendo el cerebro) y una sustancia inmaterial o no física, la mente. (Según Descartes, en la realidad solo hay tres tipos de sustancias, la materia o sustancia extensa, la sustancia pensante o sustancia espiritual finita, y la sustancia –espiritual- infinita, que es Dios).


(2)   Interaccionismo: La segunda premisa sostiene que el cuerpo y la mente interaccionan entre sí. Que el cuerpo tenga efectos sobre la mente y que la mente tenga efectos sobre el cuerpo es para algunos una novedad “moderna”, pero esto era algo que ya veía Descartes.



Descartes defendía la segunda premisa (interaccionismo) básicamente por motivos científicos, mientras que la primera (dualismo) era defendida sobre todo por motivos filosóficos y religiosos. El dualismo estaba filosóficamente asociado a importantes dogmas religiosos como la inmortalidad del alma y su importancia antropológica, y ya sabemos que en aquella época la Iglesia no se andaba con chiquitas. Otro de los motivos para mantener la formulación cartesiana era la defensa del libre albedrío (le he dedicado una entrada específica independiente: "El problema de la libertad"). Podemos considerar el dualismo como la distinción radical o esencial entre mente y cerebro o mente y cuerpo.


En esta formulación el problema consiste esencialmente en la dificultad de mantener simultáneamente ambas premisas, entre otras cosas porque no hay una explicación satisfactoria de cómo una sustancia material-física puede interactuar con una sustancia inmaterial o no física. Puede ser conveniente recordar que para Descartes esa misma sustancia inmaterial era el alma, para él, los términos alma y mente eran equivalentes. Es conocido el papel que el autor otorgó a la glándula pineal, pero eso lo único que hizo fue localizar el problema, la glándula pineal no deja de ser parte de la sustancia material cuerpo.


Los filósofos de la época reconocieron dónde estaba la clave del problema y ofrecieron soluciones que consistían en dejar caer una de las dos premisas (o incluso ambas, como hizo Spinoza). Por ejemplo, Leibniz dejó caer el interaccionismo, y en su lugar propuso la tesis de la armonía preestablecida.


Spinoza dejó caer el dualismo, y en su lugar propuso una teoría monista, que, en cierto modo, implica una explicación no interaccionista de las relaciones mente-cerebro o mente-cuerpo (la mente y el cuerpo no interaccionan porque, en el fondo, son lo mismo, como dos caras de una misma moneda). Actualmente, el neurobiólogo Antonio Damasio ha asumido una versión neurocientífica de la posición de Spinoza 

    

Cuando se dice que la mente y el cerebro son “cosas diferentes” o “no son lo mismo” estas expresiones parecen reflejar una posición dualista, pero al tratarse de expresiones algo vagas también pueden interpretarse en sentido monista, según cómo se entiendan los términos “diferente” y “mismo”. O, en otras palabras, según cómo se interprete la partícula “es” en la frase “la mente es (o no es) el cerebro”. Recordemos que la posición dualista es la distinción radical o esencial entre mente y cerebro, interpretar la afirmación de que el cerebro y la mente son "diferentes" en un sentido fuerte (radical o esencial) equivale a interpretarla en un sentido dualista, pero, comparar la diferencia entre mente y cerebro con la diferencia entre respiración y pulmones es compatible con un monismo ontológico de tipo fisicalista/materialista.


Dicho en término simples, el monismo ontológico fisicalista/materialista mantiene que todo lo que existe es material o es una función de la materia o de algún principio físico, por tanto, no existe el alma entendida como sustancia inmaterial o un “yo” entendido en esos mismos términos. Algunos autores prefieren hablar de naturalismo y no de monismo fisicalista o materialista, según el naturalismo todo lo que existe es natural, en el sentido de que no hay nada sobrenatural y de que toda experiencia espiritual se explica apelando a fenómenos naturales, es decir, biólógicos, socioculturales, físico-químicos, o incluso cuánticos (normalmente el naturalismo es una posición monista, pero hay autores que se definen como naturalistas dualistas -David Chalmers-, por otra parte, aunque en nuestra cultura el monismo es normalmente fisicalista/materialista o naturalista, también hay monismos espiritualistas).


Distinguir entre los pulmones y la respiración no supone añadir dos cosas (entes) al catálogo de las cosas que pueblan el universo: solo hay una cosa (los pulmones), la respiración no es una “cosa” al mismo nivel (ontológicamente hablando) que los pulmones, la respiración es simplemente algo que los pulmones “hacen”. Podríamos decir que la respiración no es más que la acción de los pulmones. Visto así, y continuando con la analogía, la mente no es una cosa ontológicamente distinta del cerebro, en el catálogo de las cosas que pueblan el universo no contamos dos cosas, una el cerebro y otra la mente, sino que solo contamos una cosa, el cerebro, mientras que la mente sería simplemente algo que el cerebro “hace”.


Por otra parte, la analogía no es adecuada por distintos motivos. En cierta manera, la mente es más diferente del cerebro que la respiración de los pulmones. Todas las propiedades de la respiración se pueden explicar utilizando los términos y los conceptos de la física y de la biología, al igual que todas las propiedades de los pulmones. Sin embargo, al explicar la mente y al explicar el cerebro utilizamos sistemas conceptuales y lingüísticos diferentes: en el primer caso (la mente), utilizamos términos y conceptos psicológicos, por ejemplo, “creencia, falsa creencia, sesgo implícito, saber algo frente a creer algo, etc.”, mientras que al explicar el cerebro usamos básicamente (aunque haya términos específicos) el mismo tipo de sistema conceptual y lingüístico que aplicamos a los pulmones y a la respiración.


Pero esta diferencia también es compatible con un monismo ontológico: que haya dos sistemas lingüísticos y conceptuales no implica que en el catálogo de las cosas que pueblan el universo (algunos filósofos a estas cosas las llaman “entes”) haya dos cosas distintas. Es posible que simplemente tengamos dos formas de hablar de una misma y sola cosa, o que esa cosa tenga dos tipos de propiedades diferentes.


 la diferencia entre conceptos y palabras, por una parte, y cosas, por otra, puede ser útil el siguiente ejemplo:


Expresión 1: “Ese estrafalario presidente de Estados Unidos que quiere construir un muro en la frontera de Méjico”.


Expresión 2: “Donald Trump”.


Las expresiones 1 y 2 son lingüística y conceptualmente diferentes, pero se refieren a una sola y misma cosa, a un mismo ente.


Otra diferencia entre la mente y la respiración es que la mente tiene una propiedad muy particular que no está presente en la respiración: me refiero a lo que llamamos conciencia (o subjetividad o experiencia).




Lo que la mayoría de los defensores de las teorías de la identidad mente-cerebro afirman es que los procesos o eventos mentales SON procesos cerebrales, o que todo proceso o evento mental ES un proceso cerebral (llamaremos a estas afirmaciones TI -Teoría de la Identidad en un sentido amplio- [esta teoría es tratada de una manera más pormenorizada en otras entradas: Funcionalismo e Identidad, De Héroes a Villanos). Desde este punto de vista, la analogía de la respiración (es decir, comparar los pulmones con el cerebro y la respiración con la mente) puede ser trivial. En el lenguaje filosófico y científico decir que algo es trivial no quiere decir que sea vulgar o tonto, sino que en un determinado contexto no es suficientemente relevante. En el presente contexto decir que la analogía es trivial quiere decir, entre otras cosas, que es perfectamente compatible con la TI, es decir, la analogía de la respiración es perfectamente compatible con afirmaciones como “los procesos mentales son procesos cerebrales”.


Me da la impresión de que lo que hay detrás de la analogía de la respiración puede ser la diferencia entre estructura y función. Todo órgano del cuerpo puede ser descrito en términos estructurales o en términos funcionales, cuando un estudiante de medicina estudia el páncreas estudia cómo está constituido (estructura) y qué es lo que hace (función) [En realidad, la cuestión es más compleja de lo que parece, por ejemplo, no es posible explicar completamente la función sin aludir a la estructura, además, hay distintos niveles estructurales y funcionales (lo que el páncreas “hace” en su conjunto depende, de alguna manera, de estructuras y funciones más básicas, a nivel molecular o incluso subatómico, aun existiendo propiedades emergentes. Por otro lado, es posible que la “ciencia de la mente” tenga un mayor grado de autonomía con respecto a la “ciencia del cerebro” que la “ciencia de la respiración” con respecto a la “ciencia de los pulmones”)]. Cuando hablamos del cerebro, tanto en un contexto académico como informal, solemos hablar de un cerebro vivo funcionando como parte de un cuerpo, en este sentido no identificamos “cerebro” con “estructura” a secas, como si estuviéramos hablando de un cerebro dentro de un bote de cristal, sino que asumimos implícitamente que el cerebro del que hablamos es estructura y es función, es un órgano en funcionamiento. Si lo que la analogía de la respiración quiere decir es que la mente es la función y el cerebro la estructura resulta que:


  • 1)      Desde el punto de vista ontológico (el catálogo de cosas que pueblan el universo) solo hay una cosa: el órgano. La función no es una cosa, es simplemente el funcionamiento del órgano. Con lo que la analogía se aleja de una distinción radical (dualista) entre mente y cerebro.
  • 2)      No refleja la manera en que habitualmente hablamos del cerebro. El cerebro no es solo estructura. El cerebro tiene propiedades estructurales y propiedades funcionales.
  • 3)      La distinción entre función y estructura es más compleja de lo que parece (hay distintos niveles estructurales y funcionales, por ejemplo, el cerebro tiene propiedades funcionales que no son mentales: además de sus propiedades funcionales mentales el cerebro tiene propiedades funcionales no-mentales, al igual que el páncreas o cualquier otro órgano).
  • 4)      La analogía es irrelevante con respecto a la TI, es decir, no afecta para nada a afirmaciones como: “los procesos mentales SON procesos cerebrales”


            Finalmente, se interprete como se interprete (aunque no sea en términos defunción/estructura), la analogía sugiere que la mente puede entenderse como un proceso biológico tan natural como la respiración (naturalismo). Esto aleja la analogía del dualismo, es decir, de una distinción radical entre mente y cerebro.

           


CONCLUSIÓN:

(1) La analogía de la respiración no es una analogía adecuada.


(2) En cualquier caso la analogía no sirve para defender una distinción radical (dualista) entre mente y cerebro/cuerpo.



Hay, al menos, otras dos analogías interesantes que fueron propuestas en el siglo  XX. En la primera (cronológicamente hablando) se planteó la cuestión de si decir que la mente es el cerebro equivale a decir que el agua es H2O. La segunda analogía es la del ordenador, según esta analogía el cerebro sería el hardware, mientras que la mente sería comparable al software. Esta segunda analogía ha dado lugar a guiones cinematográficos que se mueven entre lo descabellado y, en el mejor de los casos, lo superficial. Antonio Damasio ha sido uno de los neurocientíficos que más claramente se han opuesto a la analogía del ordenador, ya que para su gusto la analogía implica una visión “demasiado dualista”, por así decirlo (no es una expresión de Damasio, sino mi intento por resumir los motivos de su rechazo). Pero la principal razón por la que vuelvo a mencionar a Damasio no es ésta, sino por haber sido uno de los promotores más destacados del desplazamiento de la cuestión mente-cerebro a la cuestión mente-cuerpo (lo que, en gran parte, se comprende si recordamos cómo el sistema nervioso está íntimamente conectado con el sistema endocrino). Según Damasio, “la mente deriva de todo el organismo en su conjunto” (El error de Descartes, p. 210).


En las últimas décadas ha surgido una corriente de las ciencias cognitivas que abunda en esta dirección, se la conoce como cognición corpórea (en inglés embodied cognition o embodied mind) . Hay incluso otras teorías que sostienen que la mente no solo deriva de, o es realizada por, todo el cuerpo (y no solo por el cerebro) sino por sistemas más extensos que incluyen elementos sociales y/o tecnológicos (aquí encontramos la llamada tesis de la mente extendida y también la corriente conocida como enactivismo).


           

Dejo sin tocar algunas cuestiones como la relación o la diferencia entre los conceptos de alma y mente, qué es el “yo” desde un punto de vista naturalista, o el concepto de mente en algunos contextos budistas y cómo ha pasado al mundo del mindfulness y a algunas terapias de tercera generación (habría que distinguir este significado particular de “mente” de otro más general, que es el que he utilizado en esta entrada). Tampoco me ha parecido necesario entrar en cuestiones como la de si la respiración es realizada por todo el organismo (o partes significativas) y no solo por los pulmones.

Lo abstracto de la mente en el cerebro (y la analogía de la respiración)

abril 26, 2022 0
 MENTE Y CEREBRO (Profundidad a la respiración)

Un momento clásico en la historia del problema mente-cerebro o mente-cuerpo es la formulación de Descartes. El planteamiento de Descartes se basa en dos premisas: (1) el dualismo y (2) el interaccionismo.


(1)   Dualismo: Descartes sostiene que el ser humano está compuesto por dos sustancias diferentes: una sustancia o realidad material, el cuerpo (incluyendo el cerebro) y una sustancia inmaterial o no física, la mente. (Según Descartes, en la realidad solo hay tres tipos de sustancias, la materia o sustancia extensa, la sustancia pensante o sustancia espiritual finita, y la sustancia –espiritual- infinita, que es Dios).


(2)   Interaccionismo: La segunda premisa sostiene que el cuerpo y la mente interaccionan entre sí. Que el cuerpo tenga efectos sobre la mente y que la mente tenga efectos sobre el cuerpo es para algunos una novedad “moderna”, pero esto era algo que ya veía Descartes.



Descartes defendía la segunda premisa (interaccionismo) básicamente por motivos científicos, mientras que la primera (dualismo) era defendida sobre todo por motivos filosóficos y religiosos. El dualismo estaba filosóficamente asociado a importantes dogmas religiosos como la inmortalidad del alma y su importancia antropológica, y ya sabemos que en aquella época la Iglesia no se andaba con chiquitas. Otro de los motivos para mantener la formulación cartesiana era la defensa del libre albedrío (le he dedicado una entrada específica independiente: "El problema de la libertad"). Podemos considerar el dualismo como la distinción radical o esencial entre mente y cerebro o mente y cuerpo.


En esta formulación el problema consiste esencialmente en la dificultad de mantener simultáneamente ambas premisas, entre otras cosas porque no hay una explicación satisfactoria de cómo una sustancia material-física puede interactuar con una sustancia inmaterial o no física. Puede ser conveniente recordar que para Descartes esa misma sustancia inmaterial era el alma, para él, los términos alma y mente eran equivalentes. Es conocido el papel que el autor otorgó a la glándula pineal, pero eso lo único que hizo fue localizar el problema, la glándula pineal no deja de ser parte de la sustancia material cuerpo.


Los filósofos de la época reconocieron dónde estaba la clave del problema y ofrecieron soluciones que consistían en dejar caer una de las dos premisas (o incluso ambas, como hizo Spinoza). Por ejemplo, Leibniz dejó caer el interaccionismo, y en su lugar propuso la tesis de la armonía preestablecida.


Spinoza dejó caer el dualismo, y en su lugar propuso una teoría monista, que, en cierto modo, implica una explicación no interaccionista de las relaciones mente-cerebro o mente-cuerpo (la mente y el cuerpo no interaccionan porque, en el fondo, son lo mismo, como dos caras de una misma moneda). Actualmente, el neurobiólogo Antonio Damasio ha asumido una versión neurocientífica de la posición de Spinoza 

    

Cuando se dice que la mente y el cerebro son “cosas diferentes” o “no son lo mismo” estas expresiones parecen reflejar una posición dualista, pero al tratarse de expresiones algo vagas también pueden interpretarse en sentido monista, según cómo se entiendan los términos “diferente” y “mismo”. O, en otras palabras, según cómo se interprete la partícula “es” en la frase “la mente es (o no es) el cerebro”. Recordemos que la posición dualista es la distinción radical o esencial entre mente y cerebro, interpretar la afirmación de que el cerebro y la mente son "diferentes" en un sentido fuerte (radical o esencial) equivale a interpretarla en un sentido dualista, pero, comparar la diferencia entre mente y cerebro con la diferencia entre respiración y pulmones es compatible con un monismo ontológico de tipo fisicalista/materialista.


Dicho en término simples, el monismo ontológico fisicalista/materialista mantiene que todo lo que existe es material o es una función de la materia o de algún principio físico, por tanto, no existe el alma entendida como sustancia inmaterial o un “yo” entendido en esos mismos términos. Algunos autores prefieren hablar de naturalismo y no de monismo fisicalista o materialista, según el naturalismo todo lo que existe es natural, en el sentido de que no hay nada sobrenatural y de que toda experiencia espiritual se explica apelando a fenómenos naturales, es decir, biólógicos, socioculturales, físico-químicos, o incluso cuánticos (normalmente el naturalismo es una posición monista, pero hay autores que se definen como naturalistas dualistas -David Chalmers-, por otra parte, aunque en nuestra cultura el monismo es normalmente fisicalista/materialista o naturalista, también hay monismos espiritualistas).


Distinguir entre los pulmones y la respiración no supone añadir dos cosas (entes) al catálogo de las cosas que pueblan el universo: solo hay una cosa (los pulmones), la respiración no es una “cosa” al mismo nivel (ontológicamente hablando) que los pulmones, la respiración es simplemente algo que los pulmones “hacen”. Podríamos decir que la respiración no es más que la acción de los pulmones. Visto así, y continuando con la analogía, la mente no es una cosa ontológicamente distinta del cerebro, en el catálogo de las cosas que pueblan el universo no contamos dos cosas, una el cerebro y otra la mente, sino que solo contamos una cosa, el cerebro, mientras que la mente sería simplemente algo que el cerebro “hace”.


Por otra parte, la analogía no es adecuada por distintos motivos. En cierta manera, la mente es más diferente del cerebro que la respiración de los pulmones. Todas las propiedades de la respiración se pueden explicar utilizando los términos y los conceptos de la física y de la biología, al igual que todas las propiedades de los pulmones. Sin embargo, al explicar la mente y al explicar el cerebro utilizamos sistemas conceptuales y lingüísticos diferentes: en el primer caso (la mente), utilizamos términos y conceptos psicológicos, por ejemplo, “creencia, falsa creencia, sesgo implícito, saber algo frente a creer algo, etc.”, mientras que al explicar el cerebro usamos básicamente (aunque haya términos específicos) el mismo tipo de sistema conceptual y lingüístico que aplicamos a los pulmones y a la respiración.


Pero esta diferencia también es compatible con un monismo ontológico: que haya dos sistemas lingüísticos y conceptuales no implica que en el catálogo de las cosas que pueblan el universo (algunos filósofos a estas cosas las llaman “entes”) haya dos cosas distintas. Es posible que simplemente tengamos dos formas de hablar de una misma y sola cosa, o que esa cosa tenga dos tipos de propiedades diferentes.


 la diferencia entre conceptos y palabras, por una parte, y cosas, por otra, puede ser útil el siguiente ejemplo:


Expresión 1: “Ese estrafalario presidente de Estados Unidos que quiere construir un muro en la frontera de Méjico”.


Expresión 2: “Donald Trump”.


Las expresiones 1 y 2 son lingüística y conceptualmente diferentes, pero se refieren a una sola y misma cosa, a un mismo ente.


Otra diferencia entre la mente y la respiración es que la mente tiene una propiedad muy particular que no está presente en la respiración: me refiero a lo que llamamos conciencia (o subjetividad o experiencia).




Lo que la mayoría de los defensores de las teorías de la identidad mente-cerebro afirman es que los procesos o eventos mentales SON procesos cerebrales, o que todo proceso o evento mental ES un proceso cerebral (llamaremos a estas afirmaciones TI -Teoría de la Identidad en un sentido amplio- [esta teoría es tratada de una manera más pormenorizada en otras entradas: Funcionalismo e Identidad, De Héroes a Villanos). Desde este punto de vista, la analogía de la respiración (es decir, comparar los pulmones con el cerebro y la respiración con la mente) puede ser trivial. En el lenguaje filosófico y científico decir que algo es trivial no quiere decir que sea vulgar o tonto, sino que en un determinado contexto no es suficientemente relevante. En el presente contexto decir que la analogía es trivial quiere decir, entre otras cosas, que es perfectamente compatible con la TI, es decir, la analogía de la respiración es perfectamente compatible con afirmaciones como “los procesos mentales son procesos cerebrales”.


Me da la impresión de que lo que hay detrás de la analogía de la respiración puede ser la diferencia entre estructura y función. Todo órgano del cuerpo puede ser descrito en términos estructurales o en términos funcionales, cuando un estudiante de medicina estudia el páncreas estudia cómo está constituido (estructura) y qué es lo que hace (función) [En realidad, la cuestión es más compleja de lo que parece, por ejemplo, no es posible explicar completamente la función sin aludir a la estructura, además, hay distintos niveles estructurales y funcionales (lo que el páncreas “hace” en su conjunto depende, de alguna manera, de estructuras y funciones más básicas, a nivel molecular o incluso subatómico, aun existiendo propiedades emergentes. Por otro lado, es posible que la “ciencia de la mente” tenga un mayor grado de autonomía con respecto a la “ciencia del cerebro” que la “ciencia de la respiración” con respecto a la “ciencia de los pulmones”)]. Cuando hablamos del cerebro, tanto en un contexto académico como informal, solemos hablar de un cerebro vivo funcionando como parte de un cuerpo, en este sentido no identificamos “cerebro” con “estructura” a secas, como si estuviéramos hablando de un cerebro dentro de un bote de cristal, sino que asumimos implícitamente que el cerebro del que hablamos es estructura y es función, es un órgano en funcionamiento. Si lo que la analogía de la respiración quiere decir es que la mente es la función y el cerebro la estructura resulta que:


  • 1)      Desde el punto de vista ontológico (el catálogo de cosas que pueblan el universo) solo hay una cosa: el órgano. La función no es una cosa, es simplemente el funcionamiento del órgano. Con lo que la analogía se aleja de una distinción radical (dualista) entre mente y cerebro.
  • 2)      No refleja la manera en que habitualmente hablamos del cerebro. El cerebro no es solo estructura. El cerebro tiene propiedades estructurales y propiedades funcionales.
  • 3)      La distinción entre función y estructura es más compleja de lo que parece (hay distintos niveles estructurales y funcionales, por ejemplo, el cerebro tiene propiedades funcionales que no son mentales: además de sus propiedades funcionales mentales el cerebro tiene propiedades funcionales no-mentales, al igual que el páncreas o cualquier otro órgano).
  • 4)      La analogía es irrelevante con respecto a la TI, es decir, no afecta para nada a afirmaciones como: “los procesos mentales SON procesos cerebrales”


            Finalmente, se interprete como se interprete (aunque no sea en términos defunción/estructura), la analogía sugiere que la mente puede entenderse como un proceso biológico tan natural como la respiración (naturalismo). Esto aleja la analogía del dualismo, es decir, de una distinción radical entre mente y cerebro.

           


CONCLUSIÓN:

(1) La analogía de la respiración no es una analogía adecuada.


(2) En cualquier caso la analogía no sirve para defender una distinción radical (dualista) entre mente y cerebro/cuerpo.



Hay, al menos, otras dos analogías interesantes que fueron propuestas en el siglo  XX. En la primera (cronológicamente hablando) se planteó la cuestión de si decir que la mente es el cerebro equivale a decir que el agua es H2O. La segunda analogía es la del ordenador, según esta analogía el cerebro sería el hardware, mientras que la mente sería comparable al software. Esta segunda analogía ha dado lugar a guiones cinematográficos que se mueven entre lo descabellado y, en el mejor de los casos, lo superficial. Antonio Damasio ha sido uno de los neurocientíficos que más claramente se han opuesto a la analogía del ordenador, ya que para su gusto la analogía implica una visión “demasiado dualista”, por así decirlo (no es una expresión de Damasio, sino mi intento por resumir los motivos de su rechazo). Pero la principal razón por la que vuelvo a mencionar a Damasio no es ésta, sino por haber sido uno de los promotores más destacados del desplazamiento de la cuestión mente-cerebro a la cuestión mente-cuerpo (lo que, en gran parte, se comprende si recordamos cómo el sistema nervioso está íntimamente conectado con el sistema endocrino). Según Damasio, “la mente deriva de todo el organismo en su conjunto” (El error de Descartes, p. 210).


En las últimas décadas ha surgido una corriente de las ciencias cognitivas que abunda en esta dirección, se la conoce como cognición corpórea (en inglés embodied cognition o embodied mind) . Hay incluso otras teorías que sostienen que la mente no solo deriva de, o es realizada por, todo el cuerpo (y no solo por el cerebro) sino por sistemas más extensos que incluyen elementos sociales y/o tecnológicos (aquí encontramos la llamada tesis de la mente extendida y también la corriente conocida como enactivismo).


           

Dejo sin tocar algunas cuestiones como la relación o la diferencia entre los conceptos de alma y mente, qué es el “yo” desde un punto de vista naturalista, o el concepto de mente en algunos contextos budistas y cómo ha pasado al mundo del mindfulness y a algunas terapias de tercera generación (habría que distinguir este significado particular de “mente” de otro más general, que es el que he utilizado en esta entrada). Tampoco me ha parecido necesario entrar en cuestiones como la de si la respiración es realizada por todo el organismo (o partes significativas) y no solo por los pulmones.

lunes, 25 de abril de 2022

Aprende sobre la meditación.

abril 25, 2022 0



La verdad sobre este tema

Actualmente son bien conocidos los numerosos beneficios de la meditación, particularmente en la reducción del estrés y en el mejoramiento de la cognición. Esto desde lo que podemos llamar un acercamiento científico, pero más allá de ello yacen los aspectos de sabiduría y realización espiritual que enseñan las tradiciones como el budismo y el hinduismo, de las cuales se deriva la meditación en su aplicación moderna. Para estas religiones la meditación es central en un proceso que podemos llamar soteriológico, tanto de salvación o liberación como de sanación y purificación de la mente, pues el estado natural de la mente es considerado igual a la iluminación o el despertar. En otras palabras lo que la meditación busca hacer no es conseguir o producir algo nuevo sino simplemente limpiar las impurezas y eliminar las obstrucciones para que se manifieste la luminosidad de la mente, el estado libre de aflicciones que ha sido llamado moksha, nirvana o también, el atman o la naturaleza búdica.


¿Qué es meditar?

Las diferentes tradiciones budistas hacen referencia al estado natural de la mente equiparándolo con la iluminación. En sánscrito tenemos términos como amala-vijnana o amala-cetas, ambos significando una mente sin mácula o una mente pura. En tibetano el término para la iluminación o la energía del despertar es byang-chubs, literalmente (byangs) pureza o limpieza y totalidad o completud (chubs). Estos términos a la vez hacen referencia tanto a la pureza de la mente como al entendimiento y la sabiduría que naturalmente se hacen manifiestos en la mente cuando se eliminan obstrucciones. Estas obstrucciones no son sino hábitos, resultado del karma, que obstruyen la luminosidad libre e incondicional de la mente, como nubes que cubren el Sol en un día de verano.


Su verdadera naturaleza

La meditación es considerada algo así como una ciencia de la purificación de la mente, o un yoga de la concentración. Como dice el monje y erudito Dhammadipa, "la meditación es una experiencia de la pureza de la mente", una experiencia que poco a poco va transformando la mente, llevándola hacia la sabiduría; sabiduría que no es más que la propia naturaleza de la mente o, usando una imagen común a tradiciones como el cristianismo, el hinduismo y el taoísmo, es la inocencia, el estado infantil, natural y flexible pero con conciencia y madurez. Inocencia del lado de la experiencia; sabiduría con frescura. La meditación hace a la mente ágil, flexible, clara, calmada, libre de apegos y sus neurosis. 


Beneficios de la meditación 

La manera en que la meditación transforma la mente hacia su pureza original es a través de la respiración. Al hacerla cada vez más sutil y relajada, hace más sutil y relajado al cuerpo y desbloquea las tensiones y obstrucciones que son formas concretas del karma, de las aflicciones mentales que van haciendo una trabazón, tanto física como mental. Este proceso es una forma de desapego, de liberar el aferramiento y la tensión, el cual tiene un correlato análogo en el pensamiento y en la perspectiva del individuo. El cuerpo se desapega de sus tensiones y se vuelve más ligero y fluido y la mente se libera de sus creencias e improntas, fundamentalmente de la sustancialidad del yo. Esto es un primer atisbo de lo que en el budismo del norte se conoce como la vacuidad, la ausencia de sustancialidad en las cosas -pues nada existe por sí mismo, todo depende de otras cosas, nada es realmente sólido, es sólo la combinación de causas y condiciones que emergen en relación a los conceptos mentales-. El cuerpo y el yo se muestran ya no como duras y anquilosadas estructuras sino como puro proceso, maleables flujos de energía y conciencia, puro aliento o espíritu.


Ser consiente mientras se practica  

Y esta es la forma de saber que uno está meditando con provecho: que el cuerpo se vuelve progresivamente menos tenso, pero sobre todo, que la mente se vuelve más flexible y que el apego disminuye. El individuo que medita dentro de una tradición -y de otra forma es difícil avanzar realmente- acompaña su meditación de una filosofía, un paradero teórico, y de una serie de preceptos éticos, que complementan naturalmente a la práctica. Así, la prueba estándar de que su meditación está funcionando es que su visión se transforma y deja de aferrarse a cosas impermanentes. Ya no pone sus esperanzas de felicidad en objetos externos, ya no se aferra a su identidad, ya no se estresa por los defectos de su personalidad ni tampoco se enorgullece por las supuestas cualidades de la misma; ya no presenta ansiedad por el futuro ni resentimiento por los sucesos pasados en adherencia a su yo. Es entonces que nace la posibilidad de la compasión.

Aprende sobre la meditación.

abril 25, 2022 0



La verdad sobre este tema

Actualmente son bien conocidos los numerosos beneficios de la meditación, particularmente en la reducción del estrés y en el mejoramiento de la cognición. Esto desde lo que podemos llamar un acercamiento científico, pero más allá de ello yacen los aspectos de sabiduría y realización espiritual que enseñan las tradiciones como el budismo y el hinduismo, de las cuales se deriva la meditación en su aplicación moderna. Para estas religiones la meditación es central en un proceso que podemos llamar soteriológico, tanto de salvación o liberación como de sanación y purificación de la mente, pues el estado natural de la mente es considerado igual a la iluminación o el despertar. En otras palabras lo que la meditación busca hacer no es conseguir o producir algo nuevo sino simplemente limpiar las impurezas y eliminar las obstrucciones para que se manifieste la luminosidad de la mente, el estado libre de aflicciones que ha sido llamado moksha, nirvana o también, el atman o la naturaleza búdica.


¿Qué es meditar?

Las diferentes tradiciones budistas hacen referencia al estado natural de la mente equiparándolo con la iluminación. En sánscrito tenemos términos como amala-vijnana o amala-cetas, ambos significando una mente sin mácula o una mente pura. En tibetano el término para la iluminación o la energía del despertar es byang-chubs, literalmente (byangs) pureza o limpieza y totalidad o completud (chubs). Estos términos a la vez hacen referencia tanto a la pureza de la mente como al entendimiento y la sabiduría que naturalmente se hacen manifiestos en la mente cuando se eliminan obstrucciones. Estas obstrucciones no son sino hábitos, resultado del karma, que obstruyen la luminosidad libre e incondicional de la mente, como nubes que cubren el Sol en un día de verano.


Su verdadera naturaleza

La meditación es considerada algo así como una ciencia de la purificación de la mente, o un yoga de la concentración. Como dice el monje y erudito Dhammadipa, "la meditación es una experiencia de la pureza de la mente", una experiencia que poco a poco va transformando la mente, llevándola hacia la sabiduría; sabiduría que no es más que la propia naturaleza de la mente o, usando una imagen común a tradiciones como el cristianismo, el hinduismo y el taoísmo, es la inocencia, el estado infantil, natural y flexible pero con conciencia y madurez. Inocencia del lado de la experiencia; sabiduría con frescura. La meditación hace a la mente ágil, flexible, clara, calmada, libre de apegos y sus neurosis. 


Beneficios de la meditación 

La manera en que la meditación transforma la mente hacia su pureza original es a través de la respiración. Al hacerla cada vez más sutil y relajada, hace más sutil y relajado al cuerpo y desbloquea las tensiones y obstrucciones que son formas concretas del karma, de las aflicciones mentales que van haciendo una trabazón, tanto física como mental. Este proceso es una forma de desapego, de liberar el aferramiento y la tensión, el cual tiene un correlato análogo en el pensamiento y en la perspectiva del individuo. El cuerpo se desapega de sus tensiones y se vuelve más ligero y fluido y la mente se libera de sus creencias e improntas, fundamentalmente de la sustancialidad del yo. Esto es un primer atisbo de lo que en el budismo del norte se conoce como la vacuidad, la ausencia de sustancialidad en las cosas -pues nada existe por sí mismo, todo depende de otras cosas, nada es realmente sólido, es sólo la combinación de causas y condiciones que emergen en relación a los conceptos mentales-. El cuerpo y el yo se muestran ya no como duras y anquilosadas estructuras sino como puro proceso, maleables flujos de energía y conciencia, puro aliento o espíritu.


Ser consiente mientras se practica  

Y esta es la forma de saber que uno está meditando con provecho: que el cuerpo se vuelve progresivamente menos tenso, pero sobre todo, que la mente se vuelve más flexible y que el apego disminuye. El individuo que medita dentro de una tradición -y de otra forma es difícil avanzar realmente- acompaña su meditación de una filosofía, un paradero teórico, y de una serie de preceptos éticos, que complementan naturalmente a la práctica. Así, la prueba estándar de que su meditación está funcionando es que su visión se transforma y deja de aferrarse a cosas impermanentes. Ya no pone sus esperanzas de felicidad en objetos externos, ya no se aferra a su identidad, ya no se estresa por los defectos de su personalidad ni tampoco se enorgullece por las supuestas cualidades de la misma; ya no presenta ansiedad por el futuro ni resentimiento por los sucesos pasados en adherencia a su yo. Es entonces que nace la posibilidad de la compasión.

domingo, 3 de abril de 2022

3 grandes beneficios de la meditación y su impacto en nuestra mente.

abril 03, 2022 0


El cuerpo humano se ha adaptado diferentes circunstancias y
la meditación nos trajo los siguientes beneficios: reduce el estrés y el riesgo
de padecer diversas enfermedades, mejora el bienestar y reconecta el cerebro.



Desde inicio de los años 70, la meditación comenzó a
incorporarse con fines preventivos o como complemento para tratar muchas
enfermedades, pues varios estudios científicos evidenciaron que esta práctica
podría aumentar la salud de los pacientes, comenzar a disminuir la ingesta de
fármacos y reducir el gasto sanitario de la población. A continuación, te
presentaremos los beneficios que la meditación aporta a tu salud mental:



 1. Eliminar el estrés 


El estrés es muy dañino tanto para nuestra mente como para
nuestra salud, ya que provoca ansiedad. Por suerte, la relajación conseguida a
través de la meditación resulta de mucha ayuda.



Se ha demostrado que algunos de los beneficios de la
meditación son la reducción de la tensión muscular, la disminución de la
presión sanguínea y la mejora del ritmo cardíaco, ¡e incluso mejora las ondas
cerebrales! ¿Quién no ha sentido alguna vez esa sensación de nerviosismo,
sudoración o cambios bruscos del estado de ánimo? ¡Todos ellos son síntomas
claros de estrés! Es habitual padecerlo en algún momento, pero conviene
tratarlo para que no se convierta en estrés crónico.


 

2. Aumento de la conciencia personal 


A través de la meditación se puede desarrollar una
comprensión más profunda de nosotros mismos, ayudándonos a conseguir una mejor
versión de nosotros.

Un ejemplo de ello es la meditación de auto-indagación, cuyo
objetivo es ayudarnos a conseguir precisamente eso, una mayor comprensión de
nosotros mismos y también saber cómo nos relacionamos con los que nos rodean. A
partir de esa mejor conciencia de nosotros mismos podremos propiciar otros
cambios positivos.

El objetivo de algunas formas de meditación consiste en
reconocer pensamientos que puedan ser perjudiciales o autodestructivos. A
medida que se fuese adquiriendo mayor conciencia sobre nuestros propios hábitos
de pensamiento, podremos controlarlos y conducirlos hacia reflexiones más
constructivas.

Además, cuanto más se realice la práctica de la meditación
más fácil será llegar a generar soluciones creativas a nuestros problemas.


3. Incrementa la atención y la concentración


La meditación mejora la cognición y aumenta la capacidad de
realizar tareas con un mayor enfoque, se ha comprobado que tanto la meditación
como las prácticas de mindfulness te ayudan a permanecer en el momento
presente, además de permitirte fortalecer áreas del cerebro relacionadas con
los procesos de cognición. Existe una relación muy estrecha entre atención
plena y el procesamiento de nueva información, es por eso que la meditación
resulta altamente beneficiosa para personas de todas las edades y se recomienda
para prevenir enfermedades como el alzheimer.


Estoy muy contenta compartiendo este pequeño rincón con vosotros, ¿Qué te ha parecido? Cuéntame qué piensas , me encanta leeros.

Si te ha gustado y quieres apoyar lo que hago, puedes compartir en redes mencionándome para que pueda llegar a más gente.

Gracias, de nuevo, por hacer esto posible.

¡Nos leemos pronto!

3 grandes beneficios de la meditación y su impacto en nuestra mente.

abril 03, 2022 0


El cuerpo humano se ha adaptado diferentes circunstancias y la meditación nos trajo los siguientes beneficios: reduce el estrés y el riesgo de padecer diversas enfermedades, mejora el bienestar y reconecta el cerebro.

Desde inicio de los años 70, la meditación comenzó a incorporarse con fines preventivos o como complemento para tratar muchas enfermedades, pues varios estudios científicos evidenciaron que esta práctica podría aumentar la salud de los pacientes, comenzar a disminuir la ingesta de fármacos y reducir el gasto sanitario de la población. A continuación, te presentaremos los beneficios que la meditación aporta a tu salud mental:



 1. Eliminar el estrés 


El estrés es muy dañino tanto para nuestra mente como para nuestra salud, ya que provoca ansiedad. Por suerte, la relajación conseguida a través de la meditación resulta de mucha ayuda.

Se ha demostrado que algunos de los beneficios de la meditación son la reducción de la tensión muscular, la disminución de la presión sanguínea y la mejora del ritmo cardíaco, ¡e incluso mejora las ondas cerebrales! ¿Quién no ha sentido alguna vez esa sensación de nerviosismo, sudoración o cambios bruscos del estado de ánimo? ¡Todos ellos son síntomas claros de estrés! Es habitual padecerlo en algún momento, pero conviene tratarlo para que no se convierta en estrés crónico.


 

2. Aumento de la conciencia personal 


A través de la meditación se puede desarrollar una comprensión más profunda de nosotros mismos, ayudándonos a conseguir una mejor versión de nosotros.

Un ejemplo de ello es la meditación de auto-indagación, cuyo objetivo es ayudarnos a conseguir precisamente eso, una mayor comprensión de nosotros mismos y también saber cómo nos relacionamos con los que nos rodean. A partir de esa mejor conciencia de nosotros mismos podremos propiciar otros cambios positivos.

El objetivo de algunas formas de meditación consiste en reconocer pensamientos que puedan ser perjudiciales o autodestructivos. A medida que se fuese adquiriendo mayor conciencia sobre nuestros propios hábitos de pensamiento, podremos controlarlos y conducirlos hacia reflexiones más constructivas.

Además, cuanto más se realice la práctica de la meditación más fácil será llegar a generar soluciones creativas a nuestros problemas.


3. Incrementa la atención y la concentración


La meditación mejora la cognición y aumenta la capacidad de realizar tareas con un mayor enfoque, se ha comprobado que tanto la meditación como las prácticas de mindfulness te ayudan a permanecer en el momento presente, además de permitirte fortalecer áreas del cerebro relacionadas con los procesos de cognición. Existe una relación muy estrecha entre atención plena y el procesamiento de nueva información, es por eso que la meditación resulta altamente beneficiosa para personas de todas las edades y se recomienda para prevenir enfermedades como el alzheimer.


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Gracias, de nuevo, por hacer esto posible.

¡Nos leemos pronto!